Planificando el viaje

Como bien dicen nuestros amigos de Lonely planet, Ámsterdam es la mayor ciudad de holanda, y se caracteriza por ser uno de los lugares más acogedores del planeta. Donde el viajero puede empaparse de historia y arte de la misma manera que disfruta de una agradable cerveza en un coffeshop. La ciudad ha sabido mezclar con sutileza lo antiguo y moderno. Ámsterdam mezcla la exuberancia de una gran urbe con la confortabilidad de un pueblo pequeño.
La urbe constituye un hogar cosmopolita que durante décadas ha atraído a emigrantes e inconformistas. Se trata de una ciudad próspera y una ciudad difícil de abandonar al final de un viaje.
La idea de viajar a Ámsterdam surgió al ver un reportaje en alguna de las muchas revistas de viajes que existen en el mercado. Enseguida me puse a buscar información sobre la ciudad en varios de los foros de viajes de los que soy asiduo, como pueden ser Lonely Planet o Los viajeros ambos foros altamente recomendables.
Antes de darme cuenta ya había reservado el alojamiento. Gracias a que nuestra experiencia en Noruega fue muy satisfactoria, volvemos a repetir reservando un albergue de la cadena hihostel. El alojamiento en Ámsterdam es carísimo, y estos albergues proporcionan descanso a un precio muy razonable. En este caso hemos podido reservar el albergue en un sitio céntrico, el barrio de los museos, por lo que nos ahorraremos un dinerillo en transporte público.
Lógicamente hay un montón de maneras de llegar a Ámsterdam; tren, vehículo particular, bus, pero nosotros elegimos la más cómodo y rápido de todos, el avión. La reserva la hicimos a través de destinia.com que fue el portal que mejores precios nos ofrecía. Finalmente la compañía aérea elegida para volar fue Easyjet con la que realizaremos el trayecto directo Madrid - Ámsterdam.
El aeropuerto de Ámsterdam es Schipool, que está situado a 18 km de la ciudad. Para llegar al centro se puede optar por tomar un taxi, el autobús o el tren. Nosotros cogeremos este último hasta la estación de tren, situada en el centro de la ciudad y desde allí hasta el alojamiento tomaremos uno de los muchos tranvías que por allí pasan. Aunque una vez nos hallamos instalado, alquilaremos un par de bicicletas para movernos por la ciudad como uno más, esta es la forma más sencilla y rápida de desplazarte.
Algo que para nosotros resulta imprescindible antes de viajar es hacerse con una buena guía de la ciudad que vas a visitar. Nosotros como ya hemos hecho en alguna otra vez, usaremos la guía de National Geographic. Aunque en el mercado dispones de un montón más. A nosotros esta es la que más nos gusta, puesto que es muy gráfica y sencilla de usar y enseguida te ubicas en la ciudad. Pero desde luego esto es cuestión de gustos nada más.
Ahora el siguiente paso es seguir buscando información en internet acerca de esta ciudad.

Historia de la ciudad

En los principios de su existencia, Ámsterdam no era nada más que un pueblo de pescadores. Según las leyendas, la ciudad fue fundada por dos pescadores de la provincia norteña de Frisia, que por casualidad acabaron en las orillas del río Amstel en un barquito, junto a su perro.

La fecha tradicional de la fundación de la ciudad es el día 27 de octubre del año 1275, cuando a sus habitantes se les retiró la obligación de pagar peajes, que por entonces estaban asociados con los puentes neerlandeses. En el año 1300 se le concedieron los derechos oficiales de ciudad, y a partir del siglo XIV Ámsterdam empezó a florecer como centro comercial, mayoritariamente a base del comercio con otras ciudades neerlandesas y alemanas, conocidas como la Liga Hanseática.

En el siglo XVI, comenzó el conflicto entre los neerlandeses y Felipe II de España. Esta confrontación causó una guerra que duró 80 años, y que finalmente le dio a los Países Bajos su independencia. Ya por esa época, después de la ruptura con España, la república neerlandesa iba ganando fama por su tolerancia con respecto a las religiones. Entre otros, buscaban refugio en Ámsterdam judíos sefardíes de Portugal y España, comerciantes de Amberes, y hugonotes de Francia, que en sus países eran perseguidos por su religión.

El siglo XVII se considera el Siglo de Oro de Ámsterdam. A principios de ese siglo, Ámsterdam se convirtió en una de las ciudades más ricas del mundo. Desde su puerto, salían embarcaciones hacia el mar Báltico, Norteamérica, África y las tierras que ahora representan Indonesia y Brasil. De esta forma fue creada la base de una red comercial mundial. Los comerciantes de Ámsterdam poseían la mayor parte de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales o VOC. Esta organización se instaló en los países que luego pasarían a ser colonias de Holanda. En esa época Ámsterdam era el principal puerto comercial de Europa y el centro financiero más grande del mundo. La Bolsa de Ámsterdam fue la primera que funcionó a diario.

La población de la ciudad creció ligeramente de 10.000 en el año 1500, a 30.000 alrededor del año 1570. En el año 1700 este número ya había alcanzado 200.000. Durante los siglos XVIII y XIX y hasta antes de la Primera y Segunda Guerra Mundial, el número de habitantes incrementó a no menos de un 300%, alcanzando los 800.000 habitantes. A partir de entonces, y hasta la actualidad, el número ha sido relativamente constante.

Tras las guerras entre la república de Holanda y el Reino Unido y Francia,durante el siglo XVIII y a principios del siglo XIX, la prosperidad de Ámsterdam dejó de florecer. Sobre todo las Guerras Napoleónicas arrebataron las fortunas de Ámsterdam. Pese a ello, cuando se estableció oficialmente el Reino de los
Países Bajos en el año 1815, la situación empezó a mejorar. En este período una de las personas clave de las nuevas iniciativas fue Samuel Sarphati, un médico y planificador urbano, que trajo su inspiración desde París.

Las últimas décadas del siglo XIX se suelen denominar como el «segundo Siglo de Oro de Ámsterdam», porque entre otros, se construyeron nuevos museos, una estación de tren y el Concertgebouw, que es el teatro musical de la ciudad. En el mismo período llegó a la ciudad la Revolución Industrial. Se construyeron nuevos canales y vías marítimas para así mejorar la conexión entre Ámsterdam y el resto de Europa.

Justo antes de que empezara la Primera Guerra Mundial, la ciudad se comenzó a expandir, construyendo nuevos barrios residenciales y en las afueras. Durante la Primera Guerra Mundial, Holanda tomó una posición neutral, pero aún así la población sufrió mucha hambre y una grave falta de suministro de gas.

Alemania invadió Países Bajos el día 10 de mayo de 1940, tomando el control del país después de cinco días de lucha. Los alemanes instalaron un gobierno civil nazi en Ámsterdam, que se encargaba de la persecución de los judíos. También los neerlandeses que ayudaban y protegían a las víctimas, fueron perseguidos. Más de 100.000 judíos fueron deportados a campos de concentración. Entre ellos se encontraba Anne Frank. Solo 5.000 judíos sobrevivieron la guerra. Durante los últimos meses de la guerra, en 1945, la comunicación con el resto del país se cortó y la población sufrió una grave escasez de comida y energía. Muchos habitantes de Ámsterdam tuvieron que ir al campo en búsqueda de algún tipo de alimentación. Para sobrevivir, se consumieron perros, gatos o los bulbos de las flores. Muchos árboles de Ámsterdam se usaron para obtener energía, igual que la madera de las casas de los que habían desaparecido.

Primer Día - 1 Abril. Amsterdam


Nuestro primer día de vacaciones en la capital holandesa ha resultado ser largo y agotador. Hemos comenzado la maratoniana jornada con un madrugón a las 4 de la mañana, de hecho nos ha tocado poner las aceras para todos los madrileños. Tras 2 horas de caótica facturación y embarque y con casi 40 minutos de retraso injustificado hemos salido para Amsterdam. Nuestro primer contacto con la capital de holanda ha sido memorable. Nada más salir del aeropuerto hemos entrado en la estación de tren y aquí nos hemos visto delante de una máquina expendedora de billetes, que en un perfecto holandés nos daba las instrucciones necesarias para sacar los billetes. Había dos tipos de billetes, uno más caro y otro más barato. Yo como tengo muchos amigos catalanes he cogido el más barato, no les voy a dejar en feo. Todavía no se si lo hemos correctamente, pero ya estamos en Amsterdam y nadie me ha dicho nada al respecto. Como consecuencia nos hemos ahorrado 6 eurillos.
La segunda experiencia tiene que ver nuevamente con el ticket, pero esta vez con los del tranvía. Hemos intentado repetir la operación de la estación de tren. Es decir sacar los billetes en una máquina, pero esta vez no hemos podido y tras preguntar los hemos tenido que comprar en un quiosco enfrente de la estación de tren.

El sistema de los billetes en Amsterdam es un poco extraño, depende a que parte de la ciudad vayas, tienes que ticar el ticket más o menos veces, todavía sigo sin entenderlo y sin saber si hemos ticádo bien o no, pero bueno como nadie nos ha dicho nada, será que está bien.
A primera hora de la tarde y mientras esperábamos para poder ocupar la habitación del hihostel hemos estado paseando por las proximidades del mismo. Ha sido nuestra primera toma de contacto real con la ciudad. Hemos paseado por los alrededores de Leidseplein, una plaza muy concurrida y con mucho jaleo, sobre todo por la noche, donde hay un montón de bares, coffe shop y restaurantes y se convierte en uno de los principales focos de la vida nocturna. Hemos visto los primeros canales y el mercado flotante de las flores, también conocido como Bloemenmarket. Y hemos terminado en una de las calles comerciales de Amsterdam, llamada Koningsplein. Esta calle es una de las principales calles comerciales de la ciudad. Aquí se alinean uno tras otro los grandes almacenes y los antros de comida rápida.
Aquí nos ha dado la hora de la comida por lo que nos hemos metido en un de esos locales de comida rápida. Una salchicha típica de nombre impronunciable y un zumo natural han saciado nuestro apetito y han servido para ayudarnos a recargar las baterías.

Una vez realizado el check in en el hihostel y ojeado un poco la guía turística, hemos decidido visitar el museo Van Gogh. La tarde esta fría y llueve, por lo que mejor estar bajo un techo. El museo está en un edificio de una simplicidad casi brutal, que destaca entre las villas palaciegas de su alrededor. Su arquitecto holandés Gerrit Rietveld lo construyó como un cubo de cemento blanco.
Sí no tienes cogida la entrada con antelación, como era nuestro caso ya que la compramos en el hihostel, prepárate para hacer cola. Ya que es uno de los museos más visitado de la ciudad. El museo no solamente alberga obras de Van Gogh sino que también dispone de otros artistas holandeses. En la primera planta se expone una amplia selección de pinturas de Van Gogh en orden cronológico. Esta presentación ofrece una buena visión de los desarrollos en su obra. Desgraciadamente, los dibujos y las cartas del artista no pueden exponerse permanentemente debido a su fotosensibilidad. En la tercera planta se muestra la colección del siglo XIX, en la que en muchos casos se indica la relación con la obra de Van Gogh. En la segunda planta se encuentran presentaciones educativas variables sobre investigaciones acerca de restauraciones y obras en papel. Además, hay ordenadores en los que se puede consultar el recién renovado sitio web del museo.
Una de las grandes ironías de la vida de Van Gogh es que él apenas consiguiera vender un cuadro y que, sin embargo, hoy sus obras alcancen precios astronómicos.

La visita al museo nos ha llevado dos horas y 14 euros por persona. El museo nos ha parecido un tanto decepcionante, porqué tienen muchas obras en restauración, prácticamente la más importantes de la colección con lo que te quedas un poco con las ganas de ver más. Aunque se debe reconocer que las obras expuestas son fabulosas.
El resto de la tarde lo hemos dedicado a vagabundear y a pasear por las calles del barrio de los museos, cerca de donde estamos alojados. Tras el frenesí constructor que marcó el siglo XVII, Amsterdam se vio sumergida en 200años de relativo estancamiento. La ciudad no empezó a crecer de nuevo hasta la segunda mitad del siglo XIX y, cuando lo hizo, se masificó.
Para solucionar la congestión, se propusieron varios planes urbanísticos disparatados. Afortunadamente, ninguno de ellos se llevó a cabo y la necesidad de encontrar espacio sólo empezó acanalizarse cuando se encargó a Berlage que diseñara un plan de expansión urbanística.
La propuesta de Berlage, que se desarrolló a partir de 1917, supuso la creación del nuevo barrio del sur de Amsterdam, con tres importantes museos de arte, su mundialmente conocido auditorio o Concertgebouw, y el conservatorio de Amsterdam, todo ello formando el Barrio de los museos, donde también encontramos numerosas casas y villas Arts and Crafts, así como algunos de los comercios más elegantes de la ciudad.


Pero no todo son mansiones y tiendas en este barrio, también encontraremos el parque de Vondelpark, el cual merece la pena recorrer. Eso sí, cuidado con las bicicletas, ya que encontrarás un sin fin de amsterdameses a toda velocidad montados en ellas.
Sobre las 9 de la noche hemos buscado un sitio para cenar. Parece un poco pronto para cenar, pero desde las 4 de la mañana despiertos, el día se hace largo.
Hemos dado con un local italiano bastante auténtico, donde todos los camareros eran italianos. Para reponer fuerzas hemos dado buena cuenta de un sopa de cebolla (plato típico de holanda), unos spaghettis bolognese, unos penne agli olli, un tiramisú y unexpresso. Ha sido una cena muy agradable y no ha salido del todo cara.
Mañana tenemos la intención de madrugar para hacer una excursión fuera de Amsterdam, por lo que para las 10 de la noche damos por concluido este ajetreado primer día. Vamos a ver que nos deparará el día de mañana.















Segundo día - 2 Abril. Alkmaar, Haarlem, Amsterdam


El día de hoy ha sido agotador pero intenso, ha dado para mucho. Hemos comenzado la jornada con el típico desayuno de hostal europeo, algo de distintos fiambres, queso, huevo duro, cereales, pan, bollería, yogur, fruta, leche y café al estilo lavativa, es decir malo de solemnidad, pero la costumbre termina haciendo callo. Nuestra idea para hoy es visitar Alkmaar y luego ir un poco sobre la marcha, variará la opción en función del tiempo que nos lleve ir y venir a los sitios, y posteriormente a la tarde queremos estar en Amsterdam.
Para salir hacía Alkmaar hemos tenido que ir a la estación central, que es desde donde saldrá el tren que nos llevará hasta allí. Para ello hemos tenido que tomar el mismo tranvía que ayer nos trajo al hihostel pero en dirección contraria. Si ayer no entendí el sistema de los billetes, hoy todavía menos, puesto que ayer tuve que ticar 2 veces y hoy para el mismo viaje he ticado 4, para el mismo trayecto. ¿será más caro al revés?. Hemos cogido rápidamente el tren, para evitar problemas con las máquinas expendedoras hemos ido directamente a la taquilla a comprar. Mucho mejor, donde va a parar. El trayecto dirección Alkmaar nos ha costado 7 euros por persona, un poco caro.

Alkmaar es ante todo la ciudad del queso. Desde el primer viernes de Abril hasta el primer viernes de septiembre se celebra todos los viernes desde las 10 hasta las 12 el tradicional mercado de queso. Primero se fija el precio del queso, a la antigua usanza, tras pesar el lote en la casa del peso, los miembros del antiguo gremio de los portadores del queso transportan el queso en una parihuela. Además del mercado del queso Alkmaar es un lugar histórico, con más de 400 monumentos.

La visita al mercado ha resultado muy entretenida y curioso, y sobre todo, nos hemos puesto inflados de queso. Hemos probado diferentes tipos de queso, también hemos comido una especie de crepes pequeños de queso,que estaban de muerte, lo que os comentaba, morados.

Cuando estaba a punto de acabar el mercado nos hemos ido a recorrer el pueblo, y sus canales tranquilamente. El casco histórico no es muy grande, pero sí bonito. Supongo que debido al mercado, había un gran ambiente por sus calles. Como es típico y normal en Holanda, Almaark también tiene su molino antiguo. En la actualidad es una vivienda particular por lo que solamente lo pudimos ver desde fuera.
Tras pasar gran parte de la mañana en Almaark,volvemos a tomar otro tren, pero esta vez dirección Haarlem. De nuevo hemos tenido que pagar 7 euros por persona. Haarlem pese a estar a tan solo media hora de Amsterdam es muy diferente a la capital. El centro urbano no ha cambiado su aspecto desde aproximadamente el siglo XVIII. Es un laberinto de calles peatonales llenas de librerías, queserías y anticuarios.


Desde la llegada a Haarlem se empieza a disfrutar la visita.Lo primero que hemos visto ha sido la estación de tren estilo art nouveau, desde aquí, paseando hemos llegado hasta Grote markt, la plaza central del pueblo, un lugar muy medieval, aunque ahora está lleno de bares, terrazas y restaurantes.Nuestro paseo ha continuado hasta otro típico molino, a las afueras del pueblo.
Sobre las tres de la tarde y ya exhaustos nos hemos metido en una especie de cafetería a comer algo. La carta, como es normal, estaba completamente en holandés, así que para no complicarnos mucho la vida y llevarnos luego sorpresas desagradables, hemos elegido lo único que entendíamos. Es decir una sopa de cebolla,acompañada por un pequeño bocadillo de queso, una tortilla de champiñones y otra de jamón y queso.

¿a que suena a poco? teníais que a ver visto el diámetro de esas tortillas, parecían la plaza de las ventas. Así que nos hemos inflado, tanto que Nerea se ha tenido que tomar una infusión de melón para bajar la comida. Una vez que hemos saciado nuestro apetito hemos tomado un nuevo tren destino a Amsterdam, no sin antes tener algún problemilla para sacar los billetes del mismo.

Primero hemos intentado sacar los billetes en las máquinas expendedoras, pero estas no admitían ni la visa ni billetes, y después no encontrábamos las taquillas. Al final hemos dado con ellas y hemos podido coger el tren hacía la capital.
Una vez en Amsterdam hemos aprovechado para ver la zona más cercana a la estación central. Esta zona se denomina Oude zijde o zona antigua, y es el barrio residencial más antiguo de la ciudad. La mayoría de sus calles y canales corren paralelos a las antiguas murallas.

Más al sur hemos podido recorre el barrio de la universidad que ofrece otro cambio. Tranquilo y silencioso, a pesar de estar separado sólo por una calle del barrio rojo, visitarlo es un agradable paseo.
A pocas manzanas de la calle principal de Amsterdam nos encontramos con el barrio rojo, lugar de vicio y perversión. Aunque de día ofrece el aspecto de cualquier barrio de la ciudad, de noche,las fachadas se iluminan con luces de neón que anuncian sex shops,coffe shops y espectáculos en directo.

A mi este barrio me ha parecido cuando menos curioso, y a Nerea denigrante.Siguiendo nuestro paseo, hemos llegado hasta la calle Zeedijk. Esta calle Sigue el trazado de las murallas medievales, fue en otros tiempos guarida de atracadores y traficantes es hoy una tranquila calle donde encontrarás un montón de tiendas y restaurantes chinos.

En este barrio podremos encontrar un enorme espacio abierto a modo de plaza llamado Nieuwmarkt, donde se monta a diario un pequeño mercado y donde esta la báscula pública que en otros
tiempos sirvió para pesar las mercancías de los barcos que atravesaban los canales. También encontraremos el templo budista HeWa financiado por la comunidad china.



Un par de horas y 50 fotos después decidimos ir a cenar. El cuerpo empieza a pedir un descanso. Para no andar perdiendo el tiempo buscando sitios donde cenar, hemos ido al mismo italiano que ayer.
Una buena y caliente sopa de cebolla, nuevamente, acompañada de ensalada, para mi, y carpaccio y tiramisú para Nerea ha sido nuestra cena en el día de hoy. Al salir del restaurante para ir al albergue, al igual que ayer, hoy se ha puesto a llover, por lo que solamente hemos ido a comprar unas postales para escribir en el salón del hostal.

Mañana el día promete con varias visitas por la ciudad y algún que otro museo, y por la noche iremos al barrio del vicio y la perversión. Aunque hay el mismo vicio y perversión que en cualquier otra ciudad del mundo, solo que no lo esconden.











Tercer día - 3 Abril. Amsterdam

Nuestro día ha sido como el de los huevos de nuestro desayuno, pasado por agua. Desde las 12 de la mañana, hasta que nos hemos ido al hostal a la 1 de la mañana no ha dejado de llover, incluso de granizar. Y os podemos garantizar que cuando aquí llueve es como el diluvio. Nuestro día comienza visitando el museum Amstelkring, o también conocido como iglesia de nuestro señor en el ático.Tras la vulgar fachada de la casa de un mercader del siglo XVIII, en el barrio rojo, se esconde un secreto extraordinario. Una estrecha escalera conduce desde las salas funcionales de la planta baja a una iglesia clandestina en la que los católicos practicaron el culto en secreto durante siglos.
Convertida hoy en el museo Amstelkring, ya que conserva su aspecto original, también se la conoce como Oms lieve Heer op Solder (nuestro querido señor del ático).
Tras terminar la visita a la iglesia del ático, sobre las 11 de la mañana, hemos ido a la oficina de turismo situada en la estación de tren. Este era el punto de encuentro del tour gratuito que vamos a realizar hoy. Realmente, no es gratis, los guías son estudiantes que solamente perciben las propinas que les dan los asistentes. El tour duró 4 horas y solamente fuimos 31 personas las que asistimos al tour en español, ya que existe el mismo tour pero en inglés. Para llegar hasta el punto de inicio del tour hemos recorrido la calle principal de Amsterdam la calle Damrak.
Esta calle está llena de establecimientos de todo tipo, restaurantes, coffe shops, hoteles, etc y es una de las arterias principales de la ciudad. El tour comienza en la plaza Dam. Esta plaza es el principal espacio público de Amsterdam. Es una amplia extensión de adoquines. En un extremo de la plaza está el palacio real (koninklijkpaleis) que en 1645 se construyo como ayuntamiento(Stadhuis).
En el centro de la plaza podremos encontrar el Nationaal monument. Este obelisco de mármol se erigió en memoria de los caídos durante la segunda guerra mundial.
En el otro extremo de la plaza se alza la Nieuwe Kerk (iglesia nueva), que se inspiró en la catedral de Amiens, del norte de Francia. Solamente se puede considerar nueva en comparación con la Oude Kerk(iglesia vieja) del siglo XIII, ya que se terminó en el momento en que el gótico medieval empezó a quedar eclipsado por el nuevo estilo renacentista. Desde aquí hemos ido a ver Oude Kerk, la iglesia vieja. Aunque la iglesia más antigua de la ciudad se erigió a principios del sigloXIII, la mayor parte de la estructura que nos ha llegado data de su reconstrucción,en 1306. Se dedicó a San Nicolás, patrón de los marineros, y custodia las tumbas de almirantes, así como la de algunos de los más ilustres ciudadanos de Amsterdam. Desde la iglesia, nos dirigimos hacía el barrio rojo, donde Carlos, nuestro guía, nos cuenta un sin fin de historias curiosas sobre este barrio. Desde aquí nos acercamos hasta Zeedijk, que anteriormente nosotros solos, ya lo habíamos visitado. Igualmente nos encaminamos hacia Nieuwmarkt, desde este espacio nos dirigimos hasta el barrio judío.
También en esta zona visitamos los canales meridionales al igual que el canal Singel. Este canal marca la línea de las murallas del siglo XV y hace un bucle para unirse al sur con el río Amstel, formando el foso que rodeaba la ciudad medieval. Pero no solamente hemos visitado estos canales, sino que también nos hemos acercado a visitar los canales septentrionales. Aquí pudimos visitar el barrio del Jordaan que se encuentra en el margen occidental del cinturón de canales. Se extiende a lo largo de 2.4 km de norte a sur y se ramifica en un laberinto de calles minúsculas bautizadas con nombres de árboles y plantas. A eso se debe que los refugiados franceses que se establecieron aquí en el siglo XVII lo llamaran le jardin, nombre que más tarde derivó en Jordaan. Lo más interesante que se puede visitar en este barrio entre otras cosas es Westerkerk. Esta iglesia, obra de Hendrick de Keyser, se empezóen 1620 y no se terminó hasta 1638, tiene la nave más grande, la torre más alta y la mayor congregación de toda Amsterdam. Interesante también es visitar la casa de Anne Frank. Luego hablaré de nuestra visita a la casa, ya que durante la excursión solamente la vemos por fuera. Como veis, al termino del tour hemos recorrido prácticamente todo el centrum de Amsterdam.
Nuestro guía,Carlos, se ha currado la visita. Además de ser un cachondo, nos ha contado un montón de historias acerca de esta ciudad y sus gentes. Nos a situado perfectamente en la ciudad. Ha sido un gran acierto hacer este tour, desde luego es una actividad altamente recomendable, aunque haber pasado 4 horas bajo un diluvio, y llevar los pantalones calados hasta la rodilla puede desvirtuarla un poco. Al término del tour, hemos ido a comer junto a nuestro guía, a un restaurante - teatro, muy curioso, es como sí estuviéramos en el patio de butacas de cualquier teatro comiendo. Por la noche tienen espectáculos en directo, pero a la hora de la comida no tienen nada programado.
Hemos vuelta a comer un plato típico holandés, es decir, la misma salchicha que el primer día, pero hoy acompañada de panceta, una salsa muy oscura y puré de patata. Estaba rico. Nos han hecho un pequeño descuento en la bebida, y teníamos la segunda salchicha gratis, pero con una suficiente. Nuestro plan era ir al rijksmuseum, hemos comprado por la mañana las entradas en el albergue, pero hemos terminado de comer a las 4 y el museo cierra a las 6, por lo que hemos decidido cambiar de planes. Nos hemos ido a ver la casa de Anne Frank. Después de una hora en la cola y una granizada, hemos conseguido entrar, tras previo pago de 9 euros/persona. La casa de Anne Frank es la atracción más visitada de Amsterdam.
Aquí se esconde la fascinante historia de las dos familias que se escondieron en la casa durante la ocupación nazi de los países bajos y la trágica historia de Anne Frank, cuyos sueños de llegar a ser escritora terminaron con su muerte en el campo de concentración de Bergen - Belsen. Es una visita altamente recomendable, pese a lo triste que resulta conocer la historia al completo. Al termino de la visita a la casa de Anne Frank, hemos decidido dar una vuelta por el barrio del jordaan, pero antes nos hemos tomado una cervecita en uno de los famosos cafés oscuros, después hemos estado callejeando sin prisa alguna por las estrechas calles del barrio, hasta que nos ha dado la hora de cenar. Después de mirar varios locales diferentes, hemos entrado en el que mejor pinta tenía. Y nada más entrar nos hemos dado cuenta de que volvíamos a repetir región. El inconfundible olor a orégano y queso nos han dado las pistas, ¡otro italiano!. En Amsterdam te tienes que esforzar mucho para no terminar en un restaurante italiano o argentino.
Unos spaghettis con almejas, scalopinne, panna cota y tartufo ha sido nuestro menú en esta ocasión. Fue una cena muy amena, ya que el dueño estuvo hablando un buen rato con nosotros, y estuvieron pendientes en todo momento de nosotros. Nuevamente Nerea a aprovechado para practicar su italiano. Al término de la cena, nos dirigimos hacía el barrio rojo para ver el ambiente nocturno de este famoso barrio. No duró mucho nuestra visita, ya que el ambiente del barrio a estas horas de la noche no tiene nada que ver al ambiente que se vive por la tarde, y no nos gustó demasiado. Así que dando un agradable paseo, nos hemos ida alalbergue para retirarnos a descansar.
Todavía nos queda el último día en Amsterdam y seguro que queda mucho por hacer.

Cuarto día - 4 Abril. Amsterdam

Al igual que el resto de los días en estas vacaciones, el día amanece lluvioso. Si alguien pensaba que Amsterdam era una ciudad húmeda debido a los canales, esta muy equivocado, es porque aquí no se ve el sol ni en pintura, ¡todos los días igual!
El que este lloviendo cambia un poco nuestros planes, y tras tomar el desayuno iremos al Rijksmuseum. La intención era ir por la tarde, pero yendo por la mañana ahorraremos otra calada.
Como hemos madrugado llegamos antes de que abran las puertasal museo y aprovechamos para sacar algunas fotos al cartel Iamterdam situado en frente del edificio. Ahora sí que podemosfotografiarlo sin gente.
Entre las horas que son y lo que llueve, nadie se atreve a ponerse delante para ser retratado. Salvo nosotros claro está.Al igual que en el museo Van Gogh, al llevar las entradas compradas de antemano, no tenemos que hacer cola para entrar. El museo lo hemos visto en una hora aproximadamente, ya que solo está abierto el 25% del mismo. Están restaurando el edificio. Menuda suerte la nuestra. El Rijksmuseum ha crecido hasta convertirse en un museo grandioso a partir de la colección de pinturas que la familia real holandesa reunió en el siglo XVIII.
En condiciones normales, hay que dedicarle al menos medio día. Es una pena no a ver podido ver más del museo, porque lo poco que se ve merece mucho la pena.
Nosotros hemos tenido que pagar 11 euros por ver solamente el 25% del museo, me ha parece un poco exagerado. Al final seguramente nos habría salido a cuenta comprar la tarjeta de transporte Iamsterdam. A la salida del museo, como no, sigue lloviendo, pero en nuestro último día en la capital holandesa, un poco de lluvia no va hacer que paremos de callejear. Dando un paseo tranquilamente, nos dirigimos al mercado de waterloo, pero antes de llegar al mismo, nos paramos a comprar un cucurucho de las famosas patatas fritas con mahonesa.
Por lo que nos han comentado, la mahonesa es muy buena en Amsterdam y es muy típico comprar estos cucuruchos.Después de probar las patatas fritas, os puedo decir que no es para tanto, ni las patatas ni la mahonesa.
El mercado de waterloo situado en waterlooplein. El mercado se extiende por los dos lados de Stadhues y ofrece de todo, desde trastos viejos a ropa nueva y de segunda mano, joyas y artesanía.
Al llegar al mercadillo, nos encontramos con la sorpresa de que estaba sin montar. Es Domingo y el mercadillo no abre en Domingo.
Decidimos, olvidarnos de nuestro fracaso y dar una vuelta por el barrio judío. Al igual que en otras muchas ciudades europeas, lo que queda del prospero barrio judío de Amsterdam es el vacío y la soledad.
Nuevos edificios de estilo vanguardista, como dice Carlos, una mierda, orillan las arterias más viejas de la ciudad, aquellas que entramaban la zona hebrea que iba desde Niewmarkt hasta la Meijerplein (campa donde se alzaron tres sinagogas).
Antes de la gran guerra, en este barrio habitaban más de 100.000 judíos, prácticamente todos fueron deportados y asesinados. A mi juicio el barrio es feo.
En el barrio está la casa de Rembrandt, hoy convertida en museo. Rembrandt vivió y trabajó en esta casa desde 1639 a 1656. En esta casa nació su hijo y murió su mujer.También fue aquí donde pintó sus obras maestras, entre ellas, la ronda de noche.
Sin embargo, al final de su vida no pudo soportar los gastos que generaba vivir de este modo y fue declarado insolvente. Al final, tuvo que venderlo todo y se trasladó a un alojamiento más económico en el Jordaan. El inventario que se llevó a cabo para subastar públicamente todos los bienes del pintor, ha servido de información sobre el artista y su casa.
En la actualidad, además de la colección de trabajos del pintor, que incluye sus aguafuertes, el museo presenta recreaciones de las habitaciones en donde solía pintar o dar sus clases.
La visita nos resulta muy corta, la casa no es muy grande y tampoco tiene muchas obras de arte. Es un museo interesante, pero muy caro para lo que ves, 9 euros por persona.
Al terminar la visita nos comemos un hot dog y una sopa de cebolla en un puesto callejero cercano al museo. Las patatas de la mañana nos han quitado el hambre.
Tras terminar de comer y después de hacer unas cuantas fotos por los alrededores, continuamos con nuestro paseo alrededor de diversos canales. Y si todos los caminos llevan a Roma, todas las calles en Amsterdam llevan al barrio rojo. Sin saber como hemos aparecido en este barrio,pero como ya lo tenemos visto, y tampoco es que tenga mucho interés turístico, nos vamos hacía la plaza Dam, y desde la plaza nos vamos poco a poco hacía el barrio del Jordaan.
Pasamos un par de hora paseando tranquilamente por los canales y las estrechas calles del Jordaan. Jordaan es un barrio tranquilo que invita a estos paseos.
A media tarde, nos vamos hacía el mercado de las flores. En este mercado aprovechamos para hacer las primeras compras del viaje, aunque parezca increíble todavía no hemos comprado nada, y visto los souvenirs que hay, unos cuantos quesos y algunas semillas de tulipán (pero solamente de tulipán y de nada más) será lo único que compremos.
Hacer las compras nos deja agotados, y aprovechamos para merendar un poco. Nos comemos una especie de crepes, muy típicos aquí. Están buenos pero no son para tirar cohetes.
Desde ahora hasta la hora de cenar, nos dedicamos a pasear sin rumbo fijo, disfrutando de la esencia de la ciudad, y del frío gélido que se esta echando en la ciudad. Es nuestro cuarto día en la ciudad y ya hemos visto lo más interesante de la misma.
La cena la hacemos en una cervecería en Leidseplein, cerca del albergue, y donde como en todas las noches hay un gran ambiente. Ahora cambio la sopa de cebolla por una sopa de patatas, y Nerea se pide una hamburguesa que le sirven con un kilo de patatas fritas, que después de la jartá de esta mañana, se quedan en el plato. Con el frío que hace en Amsterdam no me extraña que todos los restaurantes ofrezcan sopa, que además la sirven muy muy calientes, como debe ser con humo.
Para poner fin a nuestra estancia en la capital holandesa, después de cenar, nos vamos a tomar unas cervezas a un club de jazz, donde hay una actuación en directo. Ha resultado una velada muy agradable. A las 11 ponemos fin a nuestro día, todavía tenemos la maleta por hacer y mañana nos tenemos que levantar a las 6 de la mañana para ir al aeropuerto, esto se ha acabado.